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Por Claudio Izaguirre  -  La mejor pareja – EL FASOOOOO

13 de Noviembre de 2013

 

 

La llegada de la primera dosis

 

Uno respira cuando el niño acaba de terminar la escuela primaria, la fiesta de fin de año nos hace llorar, se ha terminado una etapa, los pibes esperan el diploma y mientras la directora pronuncia sus nombre saltan de las sillas para agarrar ese trozo de papel con letras cuidadas, que llevan sus nombres que muestran el esfuerzo de 7 años de estudio, las vacaciones están a un paso.

 

Los padres que pudieron, consiguen permiso en sus trabajos para acompañar en tan maravilloso día a los ya casi adolescentes que se preparan para acceder la gran sueño: iniciar la escuela secundaria.

 

Durante 7 años fueron los padres los encargados de acompañar cada día hasta la puerta de la escuela, firmar el boletín y plagar de autógrafos el cuaderno de comunicaciones que casi siempre acerca buenas noticias y algún llamado a la reflexión del pre adolescente.

 

El secundario significa el camino a la adultez para los jovencitos y para los padres las primeras prácticas en ese asunto de hacerse cargo de uno mismo,  de ser dueño y responsable de las decisiones por tomar. Siempre ayuda una supervisión paternal para vigilar los movimientos de un ser que comienza a tener plumas en las alas espirituales con el vértigo lógico de la adolescencia y el deseo de romper las cadenas umbilicales que los atan a la protección algunas veces desmedida  de la atenta mamá.

 

En la fiesta de fin de año donde transitan algunos cigarrillos de tabaco que algunos jovencitos encienden en algún rincón no supervisado, también puede llegar alguna botella de cerveza que subrepticiamente se ha logrado filtrar sin el consentimiento de los adultos que acompañan el festejo.

 

El tabaco y el alcohol en forma suave y decidida se encaraman como un símbolo oculto de la diversión como el violador de los límites impuestos por los adultos que según los jovencitos son esos límites el producto de adultos amargado que no permiten la licencia de una noche de festejos y despedida. Festejo por la finalización de una etapa de la vida educativa y una despedida profunda entre quienes después de 7 años de convivencia escolar, tomarán caminos distintos, algunos a la escuela industrial, otros al bachillerato y los restantes al secundario con orientación comercial.

 

Las drogas legales han hecho su presentación oficial en el silencioso secreto que los adolescentes atesoran, que como puede ser motivo de reprimendas y sanciones prefieren proteger con un pacto de hermético mutismo que esconderán por un largo período, sin que los adultos ni siquiera perciban.

 

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Hermético mutismo y monólogos disfrazados de dialogo

 

Algunos suponen que dialogar solo es intercambiar conceptos en una forma armoniosa y franca el que finaliza accediendo sin restricciones a las sugerencias de los adultos.

 

Los padres entienden que guiar a su hijos para que estos cometan la menor cantidad de errores los hará poderosos he inquebrantables, sin resbalones dolorosos, sin deslices ni faltas. Desean esos adultos inculcar a fuego la libertad que da el saber, el título y la puerta de la universidad.

 

El dialogo se reduce a eso. Serán todos felices si se dialoga respetuosamente siguiendo la orden familiar y si esto no sucede el dialogo se corta, para iniciar una nueva manera de inculcar los conceptos familiares con rigidez y penitencias.

 

El adolescente sabe que con los padres no hay dialogo posible, por lo cual el hermético mutismo de ciertos temas quedarán sesgados para los adultos que juzgan hasta el tipo de pestañeos que puedan tener su pequeños, que han dado el paso inicial de la escuela secundaria.

 

El dialogo llega desde la confianza. La confianza debe entenderse desde la esencia misma de la palabra: Con Fe, Fianza, entrega en el otro, Fe profunda. Esa confianza se rompe en el jovencito cuando el miedo al encono del adulto está exacerbado, las acciones negativas en las que se vea involucrado las mantendrá ocultas inexorablemente. Por su parte en el adulto cuando las acciones negativas del adolescente que sean descubiertas fortuitamente tendrán dos consecuencias: a) la falta de confianza, b) la sanción disciplinaria.

 

Cuando las sanciones disciplinarias y límites son demasiado elevadas por acciones menores, el joven siente que si llegara a comentar alguno de sus secretos la pena será tan dura que ya está sufriendo de antemano lo que debería soportar y son esas las fantasías que impiden que la confianza en papá y mamá sean una cosa cotidiana.

 

Es cierto que los límites son imprescindibles para guiar de forma correcta el crecimiento intelectual y espiritual de los jovencitos, pero estos límites deben ser bien aplicados y frente a situaciones donde la responsabilidad total de un acto verdaderamente grave recae sobre el jovencito. De esta forma estamos explicando en forma práctica que todas las acciones en su vida futura, tendrán como consecuencia una reacción y que la sociedad al momento de poner límites son realmente implacables, dado que la comunidad carece del afecto que tienen los padres por él.

 

A los inconvenientes se les debe enfrentar con soluciones y no con sanciones. La sanción busca la reflexión y esa introversión, el cambio de actitud.

 

Cuando el guiado se rebela lo hace porque cree que tiene suficiente información como para manejarse por sí mismo sin ningún tipo de monitoreo paternal, aunque sabemos que aún no están sobradamente fortalecidos espiritualmente para iniciar ese camino, debemos soltarle la mano sin distraernos para estar lo suficientemente cerca para guiarlos hacia la construcción de una vida feliz y útil.

 

En reglas generales podemos lidiar con la adolescencia y acompañarlos en esos momentos de tanto cambio interior donde necesitan mostrarse como “verdaderos adultos” frente a sus pares tratando de forjar su carácter y su personalidad con decisiones arriesgadas que puede poner hasta su vida en peligro.

 

En esa sobre protección tan característica hoy entre los padres solemos dañar a nuestros hijos resolviendo sus inconvenientes y podemos llegar a increpar a la profesora de historia porque ciegamente creemos en nuestro hijo que nos dice que “esa vieja de mierda no sabe explicar y encima me tiene bronca”.

 

Ese comentario defensivo de nuestro hijo nos debe poner alerta y es tiempo de comenzar una revisión minuciosa de amistades y actitudes.

 

En los primeros tiempos del uso de marihuana la sustancia afecta a la persona a nivel cerebral destruyendo la memoria reciente. El consumidor no puede mantener su atención fija más de cinco minutos, desde que la profesora de historia entró, hasta que le pregunto que había entendido de lo explicado en clase pasaron 30 minutos. Recién con la interpelación de la profesora vuelve en sí, vuelve a conectarse con la clase y queda en evidencia frente a sus compañeros avergonzado y por ende enojado con la docente.

 

Las notas descienden como su coeficiente y los inconvenientes se suman sin que pueda manipular la realidad que ha forjado con su falta de concentración, se suma a esa frustración la exigencia de los padres, dado que estos conocen el potencial que él se ha encargado de apocar con el consumo de cannabis. Tardarán mucho los padres en entender que la profesora de historia es una buena docente y que el muchacho es quien tiene el problema (hay veces que nunca se enteran).

 

Así como el consumidor de drogas pone las culpas afuera, manipula a sus padres para que se conviertan en sus vengadores y vayan a increpar a la educadora, que en lugar de encontrar apoyo en los padres, tropieza con aprendices de talibanes que van exclusivamente para denostar y aplastar emocionalmente a quien ha dedicado su vida a la docencia y que tuvo la terrible idea de exigir que el alumno cumpla con sus obligaciones.

 

La mejor pareja el faso

 

Aunque nadie lo quiera las drogas irrumpieron en la vida cotidiana de una familia normal, que comenzara una descomposición lenta y progresiva, donde los adultos inocentes serán considerados los únicos culpables y al mismo tiempo los jóvenes responsables serán absueltos por quienes, desde afuera, recetan soluciones espurias y se desentienden de las consecuencias que provocan con sus sugerencias teñidas de falsa sabiduría supuestamente adquirida en la universidad.

 

Pasada la primera etapa de reconocimiento de la sustancia, los jóvenes inician un noviazgo con la marihuana, que de no atenderse rápidamente suele durar al menos una década desde el instante de la primer pitada, hasta la concepción concreta del problema como propio.

 

Algunos jóvenes ensayan como explicación a su consumo de cannabis, que se debe a inconvenientes familiares o afectivos, pero en realidad simplemente es producido por el efecto placentero de la sustancia en la psiquis de la persona que consume.

 

 

Ceda el faso.JPGPara ser ABSOLUTAMENTE CLARO en este punto, nada tiene que ver su vida familiar o sus cuestiones afectivas sobre la continuidad en el consumo de marihuana, sino su deseo de experimentar placer instantáneo a cada momento lo que en realidad mueve al individuo a la próxima dosis. Sin embargo en forma permanente ensayará manipular las situaciones para culpar de su consumo a quienes lo rodean y en especial a sus progenitores. La gama de culpas pueden ir desde el abandono afectivo hasta la sobreprotección pasando por el desapego  hasta el afecto desmedido.

 

Deberemos entender que su estado de noviazgo con la sustancia hará que el individuo defienda más a la planta que a su propia madre. En este punto es imprescindible entender que ese jovencito al que sus padres vieron crecer, está dormido dentro de ese cuerpo y que cuando se interactúa con él en realidad se está dialogando con la sustancia.

 

No comprende ni le interesa comprender ninguna cuestión referida al abandono de la sustancia, entiéndase que con ella la satisfacción es inmediata y que cualquier propuesta en contrario lleva la carga de un sufrimiento que no está dispuesto a transitar.

 

En este punto se torna difícil cualquier tipo de dialogo familiar, es a partir de allí que los padres se convierten en verdaderos enemigos y cualquier sugerencia que venga de ellos será tomada como una incursión enemiga en su privacidad cuyo único fin es hacerlo pasar por interminables dolores que no está dispuesto a recorrer.

 

El síndrome del niño Rey

 

El psicólogo criminalista Vicente Garrido, autor del libro “Los hijos tiranos. El síndrome del emperador”, que debería ser ojeado por el lector, ahonda puntillosamente sobre comportamientos que iremos describiendo para tener a la mano la comprensión de conductas que son utilizadas por el consumidor para doblegar a los adultos que lo rodean.

 

El síndrome del niño rey se caracteriza por la inexistencia de sensibilidad frente al dolor de los demás, la ausencia de emociones ante los sentimientos que puedan expresar sus progenitores.

 

Para entenderlo más claramente y sumergiéndonos en los pensamientos del consumidor, éste entiende que sus padres están obligados a otorgarle en forma permanente comida, vivienda, dinero, internet, ropa, celular con crédito y traslado a espacios de diversión, los que deberán desaparecer de su vista al momento que él lo indique. Cualquier acto de protesta o desagrado por parte de sus padres es considerado como una insubordinación y serán rechazados violentamente hasta que entiendan que no son otra cosa que sus exclusivos esclavos personales.

 

Todo estará bien siempre y cuando obedezcan puntillosamente cada una de las órdenes emanadas de su boca, las que deberán ser cumplidas en forma inmediata, dado que si la marihuana que es una planta le proporciona satisfacción inmediata, su madre  que no es un arbusto, deberá proporcionar idéntica satisfacción con mucha más rapidez.

 

En caso de una sublevación imparable por parte de sus súbditos (sus padres), puede llegar a recurrir a las lágrimas como forma  última de manipulación, la que es altamente efectiva cuando sus ascendientes no están debidamente preparados.

 

Jamás un niño rey pide perdón, es el rey y desde este lugar los mira, puede perdonar sí las sublevaciones impertinente de sus mayores mengua. Su frialdad se incrementará en intensidad otorgando afecto únicamente en aquellos momentos que reciba “regalos” por parte de sus padres.

 

En definitiva entiende que lo de él es de él y los de sus mayores, también le pertenece sin ningún tipo de discusión al respecto. Este tipo de actitud la debemos mirar desde nuestra propia niñez, cuando nosotros tratábamos de seducir a nuestros abuelos que nos trataban con distancia y que para sacarles una sonrisa o un acto de afecto podíamos hacer las cosas más diversas hasta lograr el objetivo, de esa misma forma tratamos a nuestros jovencitos tratando de seducirlos para obtener algún tipo de acto de amor por parte de ellos, máxime cuando notamos que no registran ningún tipo de reacción emocional al vernos sufrir por su comportamiento.

 

De esa forma se convierten en verdaderos déspotas que gobiernan con opresión tiránica la vida familiar, trastocando la convivencia del hogar.

 

El hogar desaparece para convertirse en una iuveniscracia, que anula la cotidiana armonía para rebajar a los padres a la categoría de súbditos donde la pareja pierde hasta la posibilidad de vivir la intimidad, el lívido, el amor conyugal y la armonía afectiva.

 

La madre durante este período abandona la propia vida para convertirse en un co-dependiente, cuando el individuo no está pasa el tiempo angustiada por la incertidumbre que le provoca no saber donde se encuentra su hijo, si ha comido, si ésta pasando frio o si ha sufrido algún accidente. Cuando escucha que se introduce la llave que abre la puerta de la casa su corazón se paraliza, mientras se pregunta cómo estará, si vendrá lastimado o drogado y cuando el individuo está dentro del domicilio ni siquiera respira fuerte para que “el nene no se vaya a molestar”.

 

El deterioro matrimonial a esta altura se encuentra en una etapa de nulidad, dado que ambos están abocados a ver de qué manera conforman al “niño rey”, que dictatorialmente gobierna los movimientos familiares.

 

El psicólogo Vicente Garrido dice que estos jóvenes: “tienen mayor dificultad para percibir las emociones morales, para sentir empatía, compasión o responsabilidad, y como consecuencia tienen problemas para sentir culpa”.

 

La marihuana es creadora de paranoicos, psicóticos y esquizofrénicos, por lo cual debemos entender que el cerebro del joven consumidor ha sido modificado por las sustancias y que su comprensión del mundo que lo rodea es incomprensible para nosotros.

 

Así como usa, abusa y depende de las drogas, de la misma forma se relaciona con las personas usándolas, abusando y dependiendo. El mejor y más efectivo remedio contra este tipo de actitud es no permitir ser usado por el adicto. Si no hay uso no habrá abuso y por ende la dependencia desaparecerá.

 

Es necesario recordarnos a cada momento que ese hijo que vimos nacer y acompañamos en el camino del aprendizaje está adormecido dentro de un cuerpo gobernado por las drogas y que la mejor forma de ayudarlo es poniendo límites.

 

No debemos entender esos límites como una imposición tiránica de nuestra parte sino como un acto de amor que coadyuvará en la concientización de que su problema no es ni la familia, ni la sociedad, sino que su enemigo es él mismo.

 

Los doctores RAMOS ATANCE, RUBIO GÓMEZ Y R DE MIGUEL FERNÁNDEZ en su trabajo “EFECTOS PRODUCIDOS POR EL CONSUMO DE CANNABIS” afirman que: La posible relación entre el Δ-9-THC y la aparición de síntomas psicóticos está basada en el hecho de que este compuesto actúa sobre el sistema endocannabinoide en regiones cerebrales relacionadas con la esquizofrenia. Las alteraciones producidas en este sistema por el consumo de cannabis podrían conducir a situaciones peligrosas para la funcionalidad cerebral, o dicho de otra manera, la actuación del Δ-9-THC sobre un sistema endocannabinoide alterado, podría contribuir a la aparición de los síntomas psicóticos”.

 

Aclarando que: “…se ha descrito una asociación entre el consumo de cannabis y la aparición de enfermedades psiquiátricas, como son los trastornos de ansiedad y del estado de ánimo y por su especial gravedad los trastornos psicóticos (Informe sobre cannabis, 2006). En este caso la alteración nociva transitoria, se ha convertido en permanente y ha dado lugar a una patología psiquiátrica de las que podríamos denominar como clásicas. Esto no quiere decir que la dependencia al consumo de cannabis no deba ser considerado como un trastorno psiquiátrico. Simplemente se trata de otra de las consecuencias negativas asociadas al consumo de esta droga”.

 

Para mejorar nuestro entendimiento sobre estos términos utilizados por la psicología y la psiquiatría en forma cotidiana, introducimos una pequeña descripción de ellos para tener una somera idea de sus alcances y  gravedad.

 

Paranoia: un término  psiquiátrico que describe un estado de salud mental caracterizado por la presencia de delirios autorreferentes. El psiquiatra español Enrique González Duro, en su libro La paranoia (1991), afirma que los factores desencadenantes de esta enfermedad se encuentran muy activos en individuos que presentan un acusado narcisismo y que se han visto expuestos a serias frustraciones, hallándose consecuentemente dotados de una baja autoestima. Esto provoca que se dispare en los mismos el mecanismo natural de Proyección, muy estudiado por la psicología, en virtud del cual tendemos a atribuir a otros aquellos impulsos, fantasías, frustraciones y tensiones que nos resultan inexplicables, inaceptables e insoportables en nosotros mismos. "El pensamiento paranoide —sigue González Duro— es rígido e incorregible: no tiene en cuenta las razones contrarias, sólo recoge datos o signos que le confirmen el prejuicio, para convertirlo en convicción."

 

La psicosis es un término genérico utilizado en psiquiatría y psicología para referirse a un estado mental descrito como una escisión o pérdida de contacto con la realidad. A las personas que lo padecen se las denomina psicóticas. En la actualidad, el término «psicótico» es a menudo usado incorrectamente como sinónimo de psicopático. Las personas que experimentan psicosis pueden presentar alucinaciones o delirios y pueden exhibir cambios en su personalidad y pensamiento desorganizado. Estos síntomas pueden ser acompañados por un comportamiento inusual o extraño, así como por dificultad para interactuar socialmente e incapacidad para llevar a cabo actividades de la vida diaria.

 

La esquizofrenia (del griego ‘dividir, escindir, hendir, romper’ y, ‘entendimiento, razón, mente’) es un diagnóstico psiquiátrico en personas con un grupo de trastornos mentales crónicos y graves, caracterizados por alteraciones en la percepción o la expresión de la realidad. La esquizofrenia causa además una mutación sostenida de varios aspectos del funcionamiento psíquico del individuo, principalmente de la conciencia de realidad, y una desorganización neuropsicológica más o menos compleja, en especial de las funciones ejecutivas, que lleva a una dificultad para mantener conductas motivadas y dirigidas a metas, y una significativa disfunción social.

 

Es decir, el consumo de la “inocente marihuana” no solo conlleva problemas en la concentración, la destrucción de la memoria reciente, la aparición de la apatía, voracidad y sequedad bucal, sino que además comprende problemas psiquiátricos como la paranoia, psicosis y esquizofrenia, lo que desencaja a la familia, dado que si bien percibe una conducta discordante del individuo consumidor, no imagina que está frente a una persona con desequilibrios mentales concretos producto de consumo de cannabis.

 

Algunos profesionales afirman que la marihuana acelera la reproducción de dopamina y de serotonina en el cerebro lo que produce la sensación de un profundo placer, pero a la vez lo atrofia para generar estos neurotransmisores per se, lo que pone a la persona en un grado de apatía profunda y encuentra solamente en el consumo de sustancias la felicidad que se ha ausentado en la interacción con los afectos y la familia.

 

Así es que adopta como compañía permanente el faso de marihuana, entendiendo que el mundo no encaja en su vida y que su única forma de permanecer en este mundo es a través del consumo de la próxima dosis.

 

¿Quién querría abandonar a su gran amor porque se lo impusieran sus padres, amigos o profesionales de la medicina? Únicamente aquellos que entiendan que para salvar su vida deben erradicar las drogas por siempre.

 

De la primer pitada de un cigarrillo de marihuana a la conclusión de que solo para salvar su salud, su vida y sus afectos debe abandonar el uso de drogas, pueden llegar a pasar no menos de 10 años, durante ese período el sufrimiento familiar será incalculable, pero es el proceso que conlleva esta enfermedad y que culmina cuando el consumidor comprende que es un enfermo, que debe tratarse y puede recuperarse.

 

 

La negación

 

La negación es un arma que utiliza el consumidor de drogas para defender su consumo.

 

Robert Dupont segundo Jefe de Drogas de la Casa Blanca y Director del Instituto Nacional contra las Drogas de Abuso (USA) afirma en este sentido que:  El promedio más difícil al tratar el síndrome de dependencia de las drogas no es, sin embargo, la limitación o complejidad del modelo del síndrome; es la negación. Los usuarios, tal como he señalado, están raras veces deseosos de enfrentar directamente los hechos de su dependencia. Cuando era estudiante de medicina y estudié la hipnosis, aprendí una lección muy útil que más tarde me ayudó a entender el fenómeno de la negación.

Si se hipnotiza a una persona y se le ordena caminar y abrir una ventana en un momento preciso, y se le dice que no recordará las instrucciones que se le dieron bajo hipnosis, hará lo que se le dijo bajo la fuerza de la sugestión hipnótica. Si se le pregunta, una vez despierta, "¿Por qué abriste la ventana?", contestará algo así como "sentí mucho calor aquí adentro". Es decir, racionaliza su conducta debido a que no puede decir la verdadera razón que la motivó.

Este fenómeno es similar al que se presenta cuando se pide que dejen de usar droga y que consideren las consecuencias. Racionaliza y justifican su conducta negando la conexión entre el uso de drogas y las consecuencias. Por ejemplo, si el usuario no se presenta a trabajar el lunes debido a que el fin de semana consumió gran cantidad de drogas, dirá: "Tuve un resfriado y sentí que no podría trabajar". Cuando se presentan un accidente automovilístico, también los racionaliza: "El tonto frenó frente a mí sin ninguna señal. Por eso le pegué a su auto".

Parte de esto es una mentira. Pero algunas veces, según mi experiencia, el usuario es tan inconsciente de la conexión entre su consumo de drogas y sus consecuencias como el sujeto hipnotizado es inconsciente de la razón por la que abrió la ventana durante el experimento.

Uno de los elementos únicos y extremadamente trágicos del síndrome de dependencia de las drogas es que la gente no quiere conocer los hechos que se relacionan con la drogadicción.

Para descubrir las razones debemos considerar algunos factores culturales y biológicos, así como las suposiciones equivocadas de que los efectos negativos son escasos. Estos factores invaden el pensamiento del país como un todo y parecen estar firmemente enraizados en la conciencia tanto de usuarios como de no usuarios.

En este orden de pensamiento continúa Dupont diciendo que: Tradicionalmente existe en Estados Unidos la libertad individual, basada en el idealismo del siglo XVIII, reforzada en las últimas dos décadas por la cruda caricatura de la cultura joven: "yo a mis asuntos y tú a los tuyos".

Esta actitud está implícita en la fuerte resistencia del usuario a admitir su dependencia y de ver las consecuencias de la drogadicción, mientras que, al mismo tiempo proporciona un importante refuerzo a la negación. Al dejar que el individuo decida usar o no drogas, aumenta el riesgo de depender de ellas de la misma manera que la intervención de los demás sobre la decisión propias lo reduce.

En otras palabras, el placer del cerebro distorsiona el juicio, un drogadicto racionaliza el uso de la droga para aumentar el placer, disminuyendo así su capacidad normal de juicio. Si el usuario confía más en el juicio de los demás respecto a usar o no drogas, podría llegar a superar la negación.

Por desgracia, la mayoría de las veces esto no ocurre. En la actualidad los factores culturales que promueven el autocontrol total y que desalientan el control familiar y comunitario sobre el individuo, hacen imposible esta solución y, por lo tanto, estimulan la dependencia de las drogas.

Muchas veces los familiares ayudan a fomentar esta negación. Frente a los inconvenientes que se le presentan por su conducta o acciones derivados del consumo de drogas y se siente acorralado entonces pide ayuda para solucionar ese inconveniente y nuestro error radica en salir corriendo a reparar el yerro, impidiendo que él se haga cargo o mejor dicho se responsabilice por las consecuencias de sus actos.

 

Cada vez que le solucionamos un problema lo estamos empujando al consumo, debemos tener presente  que el consumidor espera como un emperador que sus ministros y súbditos solucionen todos sus inconvenientes, pero en caso de sobrevenir algún combate convencerá a sus lacayos que vayan a pelear por él.

 

Las situaciones de la vida y sus consecuencias nos muestran muchas veces que el camino emprendido no es el correcto y nos vemos frente al fracaso obligados a redoblar esfuerzos e intentar nuevamente por un camino distinto la forma de obtener el logro buscado. Si deseamos ahorrar para tener un mejor vehículo buscaremos un nuevo trabajo o haremos horas extra o quizás pensemos en un segundo empleo. El consumidor no piensa de esta forma.

 

Para el consumidor de drogas el fracaso es el final del camino, lo entiende como un escoyo que nunca podrá sortear. En algunos casos, imaginando ese fracaso, ni siquiera intenta buscar el objetivo.

 

Siempre blandirá una excusa convincente pero falsa para explicar meticulosamente porque no hará tal cosa. Por ejemplo; nos anuncia que comenzará a trabajar como repartidor de pizzas, pero que para tal menester necesita que papá le compre una moto. Con eso su vida estará completa, ya no dependerá de nadie y será un ser libre, que ahorrará y se irá a vivir a la pensión de la otra cuadra. Cuando finalmente logra convencer a los padres, trabajará durante los primeros 15 días hasta que el aburrimiento lo embargue y luego la moto la utilizara para visitar a sus amigos y todo volverá al punto de inicio.

 

Por su negación todos tendrán la culpa menos él y cuando la moto se rompa la culpa la tendrán sus padres por haber elegido una moto de “mala calidad”. Niega la enfermedad y las consecuencias que de esta devienen, mientras los padres se desviven por tratar de hacerle la vida los más placentera posible.

 

Únicamente cuando los padres impiden ser usados y obligan al afectado a hacerse cargo de las consecuencias que son producto de su enfermedad y éste está obligado a enfrentar las secuelas de sus acciones, es cuando realmente se convence a sí mismo de que el problema está en él y no en el resto del mundo. La aceptación de la enfermedad de la adicción como propia es el inicio de la recuperación.

 

 

Los amigos y las malas juntas

 

La importancia de las amistades es para toda persona uno de los muros espirituales donde se apoya el afecto fraterno, la consulta, el dialogo, la diversión y hasta el silencio afectuoso. Muchas veces comentamos algo a algún amigo sin la necesidad de tener una respuesta, solo necesitamos que nos escuchen y punto, sobre todo cuando el dolor es grande e irreparable.

 

Cuando elegimos amigos lo hacemos por su parecido emocional y por esa manera de enfrentar las adversidades de uno u otro sin claudicar en el apoyo incondicional cuando las cosas no andan del todo bien, con quienes compartiremos siempre secretos, alegrías y trivialidades sin altibajos, con esa intensidad propia de los inseparables de siempre.

 

Estos conceptos vienen aprendidos de nuestros mayores y ese culto a la amistad que se forjaba tomando un sempiterno café en el imperecedero bar. Eso también lo aprendieron nuestros hijos que más allá de su consumo de sustancia intentan depositar idénticas emociones con otros consumidores, al mismo tiempo que abandonan otras amistades por no ser parte de su nuevo estilo de vida.

 

Muchas veces la familia tiende a culpara a esos amigos, de la nueva forma de vida de ese hijo, cuando en realidad por su forma de vida elige él ese tipo de amistades, lo que la familia tiende a negar.

 

Si ese consumidor decide en algún momento abandonar el consumo deberá abandonar las amistades que lo rodean; en algunos casos pretenden iniciar su tratamiento en compañía de algún amigo, pero por experiencia de años esto nunca resulta. Han basado la amistad en el consumo y lamentablemente cuando este desaparece también lo hace la conexión y lazos que los unían, por lo cual volverán a consumir en breve tiempo solo para continuar con el eje de unión que los mantuvo hasta ese momento.

 

Las bases de esas amistades están fundadas en las drogas y no en la amistad en sí misma, por lo cual al desaparecer el objeto de el apego fraternal, desaparece la relación.

 

Muchas veces cuando sobrevienen los inconvenientes creados por el consumo de drogas y el individuo se encuentra en un hospital, una cárcel o un manicomio difícilmente aparecerá uno de estos “inseparables amigos” y es ahí cuando podemos marcar la gran diferencia. Hacer notar quienes son los únicos que lo acompañan en los momentos de verdadera dificultad puede servir para reflexionar.

 

También sirve hacer notar el estancamiento permanente de estas amistades y esa costumbre que tienen de aparecer cuando nuestro familiar tiene plata, drogas o para ser utilizado en el diario viaje de ir a adquirirlas.

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Como decíamos en capítulos anteriores, como el adicto se siente dueño y señor del domicilio en que vive, cuando en realidad es producto del trabajo y manutención de sus padres, es necesario poner límites claros. De esa manera estamos marcando que estos espacios no le pertenecen y que debe respetar normas. Es saludable no permitir el ingreso de consumidores, no solo para el afectado, sino que para el resto de la familia, lo que previene futuros abusos de confianza y posteriores problemas evitables.

 

Cuando alguien dice haber dejado las drogas pero continúa con las viejas amistades, debemos hacer de cuenta que jamás ha dejado el consumo y actuar en tal sentido con firmeza y decisión. Calculemos que una persona que no puede tomar helados se la pasa con gente que esta consumiéndolos o visita permanentemente la heladería, ¿Cuánto tiempo tardará en degustar uno?

 

Ellos sienten que somos tontos, retrógrados y que siempre podrán pasarnos por encima sin que nosotros ni siquiera lo percibamos. Aprovechan la certeza de nuestro inmenso amor por ellos y como consecuencia nos tratan de estafar de todas maneras, muchas veces utilizando esos amigos para corroborar sus razones convincentes pero falsas que permitirán doblegarnos una vez más.

 

Los amigos no son amigos, son aliados. La amistad no la pueden desplegar porque no han podido desarrollar el sentimiento afectivo por ellos mismos, aunque están íntimamente convencidos que la relación que tienen de alianzas con sus pares, es una inquebrantable amistad.

 

Debemos tener en cuenta que ellos como sus amistades, en razón de la enfermedad, son manipuladores con la capacidad desarrollada de mostrar lo que en realidad no son; tienen graves dificultades para mostrarse auténticos y todas sus intervenciones tienen que ver con el próximo consumo.

 

La confianza la deberá depositar en su hijo cuando este vuelva, mientras esté dormido dentro del cuerpo donde gobiernan las drogas, usted no tiene cabida.

 

Recuerde, para el consumidor, su pareja es la droga, su papá y mamá son las sustancias, sus hermanos son los otros consumidores y los familiares directos son exclusivamente objetos a manipular para conseguir lo que desean.

 

No hay recuperación posible si mantiene en su círculo gente que consume sustancias, sean estos amigos o pareja.

 

 

La adicción

 

La enfermedad de la adicción, según i punto de vista basado en 30 años de trabajo de campo, no es el síntoma de una enfermedad más profunda como arriesgan algunos, sino que es una enfermedad en sí misma.

 

Para ser una enfermedad debe contener dos ejes; signos y síntoma que demuestran la existencia de ésta.

 

Los signos son las manifestaciones visibles de la enfermedad, por lo tanto son visualizadas y constatadas por quienes convivimos con la persona afectada; por ejemplo el consumir drogas.

 

Los síntomas son sensaciones subjetivas, que percibe y manifiesta la persona y que no tienen exteriorización; por ejemplo el deseo, la disminución del vocabulario por la falta de palabras, las inconfesables sensaciones paranoides y el armado de excusas para ir por la próxima dosis.

 

Algunos profesionales entienden la enfermedad de la adicción como el síntoma de una enfermedad escondida, subyacente o más profunda y están convencidos que al averiguar el motivo que inició su adicción la persona se curará y los calvarios familiares desaparecerán. Este razonamiento es el que hace que la medicina fracase estrepitosamente  en lo que al tema consumo se refiere.

 

Los grupos de autoayuda, si bien no están reñidos con la medicina, algunos de sus miembros ponen reparos en los tratamientos médicos porque están convencidos que los tratamientos medicamentosos hacen que el adicto abandone las drogas de consumo callejero por las recetadas. El negro Valentín un veterano de los grupos de autoayuda que me ha regalado su amistad dice: “Aca la cuestión no es cambiar de collar, sino dejar de ser perro”. Definiendo así lo poco conveniente que son los tratamientos con medicamentos que crean adicción.

 

Este tipo de medicinas psiquiátricas que se deben suministrar una pastilla cada ocho horas, hace que la persona no sienta el síndrome de abstinencia, por lo cual entiende que la cuestión no es tan grave y que puede volver a consumir sin inconvenientes, total ahora tiene al alcance drogas legales y un señor de guardapolvo blanco es su nuevo proveedor. De 1 pastilla cada 8 horas pasa sin aviso a 8 pastillas en 1 hora. Ha dado vuelta la receta y la hecatombe hace su esplendoroso ingreso para  iniciar nuevamente el calvario familiar.

Cuando los médicos entienden el valor de los grupos de autoayuda y estos lo importante de la medicina, el equilibrio suele traer como consecuencia una vida feliz y útil para el adicto en recuperación.

 

La enfermedad de la adicción tiene componentes físicos, mentales y espirituales los que habrá que atender equilibradamente sin celos profesionales de por medio.

 

Los complejos vitamínicos B1 B6 B12 son necesarios para la primera etapa de la recuperación. Por lo general quienes van a los grupos de autoayuda, difícilmente concurren al médico o realizan un cheque clínico completo. La falta de vitaminas deprimen a cualquier persona, si esta depresión se manifiesta en un adicto que recién a dejado de consumir, éste puede utilizar como excusa ese malestar para ir a consumir. Generalmente piensan que cuando consumían estaban menos tristes. Es muy importante el paso por el consultorio médico en la primera etapa de recuperación.

 

Hay otros que están agobiados por los inconvenientes familiares o conyugales producidos por su consumo de droga, un buen psicólogo puede ayudar mucho en este proceso para que en algún tiempo pueda recomponer esos lazos rotos.

 

En el plano espiritual los grupos de autoayuda juegan un papel fundamental. Cuando hablamos de espiritualidad no estamos indicando religiosidad. La espiritualidad bien trabajada le permite al adicto tener un plus extra de potencia o fortaleza frente a los avatares de la vida o la presencia de drogas en un momento de terminado. Ese plus que da la espiritualidad le da tiempo para poder decir no a la próxima dosis y retirarse a tiempo de esos lugares donde la sustancia puede llegar a aparecer.

 

Cuando solo se aboca uno de los aspectos de la enfermedad la consecuencia suele ser negativa, pero cuando se encara desde todos los espacios puede el individuo llegar a comprender la naturaleza exacta de la enfermedad y admitir que el problema lo lleva consigo, que es necesario atenderla en forma integral y permitir que hagan por él lo que él no ha podido hacer. Ese primer acto de humildad generalmente salva la vida del afectado.

 

Para abordar la enfermedad de la adicción se necesita un médico psiquiatra que evalúe los daños físicos del cerebro, un médico clínico que  revise los daños físicos del afectado, un psicólogo que verifique los daños emocionales y un adicto recuperado que acompañe esa rehabilitación. El adicto recuperado tiene en esta primera etapa una tarea muy importante, será el encargado de derribar las manipulaciones, las reservas y los mecanismos de defensa del consumo que trae consigo el afectado.

 

Algunos profesionales en forma equivocada y riesgosa, afirman que la enfermedad de la adicción es curable lo que crea la fantasía en una familia desesperada y la solución mágica para el afectado.

 

Si hubiera una curación médica, todos los adictos harían fila india frente al consultorio del profesional y saldrían curados, sonrientes y felices para disfrutar de la vida sin inconvenientes.

 

Lo cierto y lo concreto es que la enfermedad está instalada más allá del consumo de sustancias y por ese motivo sobrevienen las recaídas.

 

Cuando se instala la enfermedad la persona adquiere un nuevo estilo de pensamiento que lo llevará a hacer cosas que jamás imaginó. El adicto antes de consumir necesita tener una preparación previa que no le deje otro camino que meterse drogas. En las primeras etapas utilizará la amistad y las reuniones sociales como excusa para consumir en forma “recreativa” donde dará rienda suelta a la soberbia, a la lujuria, y a la ira en forma intermitente. Con el correr del tiempo aparecerán estímulos externos que desatarán la pereza, la gula, la avaricia y la envidia.

 

El adicto encuentra en los defectos de carácter, llamados por la iglesia pecados capitales, la satisfacción inmediata que busca; pero luego, cuando esa satisfacción placentera desaparece, sobreviene un vacío interior que lo obliga a llegar a la próxima dosis indefectiblemente.

 

Puedo afirmar que las recaídas están preparadas por el consumo previo de alguno de esos defectos de carácter, lo que convence al adicto que no puede encajar en el mundo y que su único camino a transitar es el de la ingesta de sustancias.

 

Si la persona no gobierna sus defectos, está condenado a seguir consumiendo por el resto de su vida, por eso es tan importante que un grupo interdisciplinario acompañe el tránsito hacia una vida feliz y útil.

 

En algunos casos es imprescindible la internación dado que es inexistente la fortaleza necesaria para poder decir NO a la próxima dosis. Debe tenerse en cuenta que la internación es solo la primera parte del nuevo estilo de vida que debe adoptar la persona y bajo ningún punto de vista el alta médica o del centro de recuperación dan por finalizada la cuestión; el adicto es adicto a por vida y jamás se curará.

 

La internación la tenemos que entender como un espacio que hace el trabajo que él no puede realizar, ese trabajo es abandonar el consumo; para decirlo de otra manera es la institución la que deja de consumir por él y en este espacio la persona afectada puede tomar conciencia de que tiene una enfermedad y que debe hacerse cargo de atenderla.

 

Algunos tiene la fantasía que pueden dejar de consumir de a poco, lo cual no es posible. Atenuar la dosis o ser más espaciado en su consumo provoca que luego de algunos días consuma todo lo que restringió en el período previo. Como dijera hace tres décadas “Luisito e marplatense” en alguna de sus maravillosas alocuciones “al perro hay que cortarle la cola de una vez, ¿Se imaginan cortarle la cola al perro un poquito cada día?

 

Luego de la externación, deberá el afectado, concurrir a los grupos de autoayuda de 12 pasos, que son los que diariamente practican la gobernabilidad y el combate directo a los defectos de carácter en forma diaria no dejando espacios que permitan pensar en el consumo como una solución. Por otra parte en estos grupos se forman lazos afectivos fraternales que solucionan uno de los temas más preocupantes de la recuperación: los amigos. En estos espacios de rehabilitación se encuentran nuevos amigos que no solo hablan su mismo idioma emocional, sino que además permiten que el afectado pueda abandonar definitivamente los amigos de consumo.

 

LA OREXINA

 

Algunos profesionales afirman que las recaídas son parte de la recuperación, pero esta afirmación que considero desacertada le otorga al adicto una buena excusa para consumir en forma esporádica manipulando así a médicos y familiares, que esperan el éxito de un tratamiento. De hecho el tratamiento en el tema adicciones no sirve, lo que realmente resulta es la adopción de un nuevo estilo de vida y una nueva forma de pensamiento lo que permite que la persona permanezca sin drogas.

 

Más allá de que el adicto siga las premisas de este nuevo estilo de vida hay momentos en que el deseo irrefrenable de consumo de drogas irrumpa violentamente en su vida y es en espacios de tiempo determinados.

 

Esto se produce por la aparición virulenta en el cerebro de una proteína llamada OREXINA.

 

La Orexina es una proteína cuya tarea es mantenernos en vigilia, la que desaparece cuando dormimos.

 

En momentos determinados y sin que estímulos externos sean los culpables, esta proteína produce en el adicto el deseo irrefrenable de consumir drogas, llegando la persona a experimentar sudores fríos, temblores, ansiedad, insertidumbre y hasta diarreas. Los espacios de tiempo en que inexplicablemente aparece el deseo incontrolable, es a los tres meses, a los seis meses, a los nueve meses, al año y dos meses, a los tres años y con desmedida virulencia a los cinco años de abstinencia.

 

En la revista Mente y Cerebro, vol. 52, pág. 40, Cristine Soares nos informa.

Un sueño reparador podría hacer que la necesidad de tomar una taza de café a primera hora de la mañana no fuese tan perentoria. No contentas con eso, las compañías farmacéuticas investigan si las pastillas ideadas para proporcionar un sueño profundo y natural podrían desempeñar asimismo un papel activo en la superación de las adicciones.

Los nuevos fármacos para dormir bloquean la actividad de las orexinas, unos péptidos cerebrales. Esas pequeñas proteínas nos mantienen despiertos y atentos durante el día, pero también gobiernan algunos efectos estimulantes de las drogas adictivas. Pese a que las orexinas no provocan de forma directa la adicción ni las recaídas, ninguno de dichos procesos sucede sin la participación de tales péptidos.

La intrigante conexión entre el sueño y la adicción se conoce desde hace tiempo gracias a la observación de personas con narcolepsia, una enfermedad que provoca que quienes la sufren se duerman de forma repentina. Aunque a veces se trataba a los afectados con potentes anfetaminas para ayudarles a mantenerse despiertos, no se convertían en adictos. En 1998, un trabajo detectivesco en el campo de la genética descubrió que la causa de dicho trastorno del sueño residía en mutaciones en los genes relacionados con las orexinas o con sus receptores, un hallazgo que reveló tanto la existencia de los péptidos como su papel esencial en mantener despierto al cerebro.

Las empresas farmacéuticas que han desarrollado medicamentos para favorecer el sueño han investigado en animales la función que desempeñan las orexinas en la adicción. Davide Quarta y sus colaboradores del Centro de Investigación de Fármacos de GlaxoSmithKline, en Verona, confirmaron que al administrar el bloqueador experimental de la orexina a un grupo de ratas junto con anfetaminas, el cerebro de los múridos liberó menos dopamina y mostró una menor sensibilización al estimulante que los animales de control; incluso con dosis repetidas. Las neuronas sensibilizadas producen más receptores de la ansiada droga, exigiendo una mayor cantidad para alcanzar la estimulación, con lo que se inicia un círculo vicioso que lleva a la adicción. John J. Renger y sus colaboradores de la compañía Merck han demostrado que si se administra otro antagonista dual experimental de los receptores de orexina (DORA, según sus siglas en inglés) junto con anfetaminas, se evita la sensibilización en roedores. En el mismo estudio, la administración de DORA y nicotina a un grupo de ratas que habían sido adictas a la nicotina con anterioridad, evitó que los animales presentasen una recaída en su adicción.

“Lo que hemos mostrado no es que las orexinas sean un objetivo de la anfetamina”, explica Renger, “porque sabemos que el objetivo de la anfetamina es la dopamina”. El hecho de que el cerebro libere orexinas en respuesta a los estimulantes, sin embargo, favorece las actividades subsiguientes de la dopamina que conducen a la sensibilización y a la adicción. La orexina crea el ambiente en el que pueden producirse esos cambios cerebrales, según explica Renger.

Como se ha comprobado en caso de narcolepsia, la falta de orexina elimina una de las barreras que impiden el sueño. Por esa razón, los más recientes fármacos para facilitar el descanso que bloquean la orexina promueven un sueño más natural que de los somníferos que reducen la actividad cerebral en general y, por lo tanto, deben luchar contra las señales de un cerebro “despierto”, incluída la orexina.

De modo similar, las drogas estimulantes podrían remedar los estímulos naturales, sugiere Renger, lo cual podría explicar por qué las orexinas facilitan el aprendizaje basado en la dopamina y recompensan los procesos que llevan a la adicción. Los estudios con animales indican que administrar bloqueadores de la orexina con una droga estimulante posibilitaría terminar con la adicción.

Renger señala que los medicamentos para facilitar el sueño podrían contribuir al tratamiento del abuso de substancias adictivas simplemente ayudando a dormir bien durante la noche. “Existen indicios que muestran que una de las razones principales de las recaídas de los alcohólicos es el insomnio”, explica. Los somníferos que bloquean la orexina podrían proporcionar un sueño de mejor calidad que la inconsciencia inducida por el alcohol y en principio, al menos, podrían ser también los primeros somníferos con garantía de no producir adicción.

No son muchos los profesionales que advierten al individuo de estos estados por los que tendrá que pasar a lo largo de su recuperación y frente al imprevisto el desequilibrio puede llevar a la persona a una recaída sin explicación lógica. Debería el adicto en recuperación abocarse de lleno a conocer todas las alternativas de su enfermedad lo que le permitirá sortear de una manera más llevadera este tipo de inconvenientes físicos del cerebro, que desencadenan el deseo de consumir drogas.

 

THC y Mielina

 

Una de las características de THC (tetrahidrocannabinol) compuesto activo de la marihuana, es que permanecerá haciendo daño a nivel cerebral durante los siguientes 28 días al último consumo.

 

Su lenta degradación hace que el consumidor no experimente con esta sustancia el síndrome de abstinencia, no obstante, cuando pasa unos días sin consumirla se torna sumamente irritable y lo único que “lo calma” es el próximo faso.

 

A nivel cerebral le TCH se posa en el espacio intercináptico y derrite ese espacio ocupado por la mielina para permanecer allí. La mielina es una grasa que ayuda a la interconexión neuronal, la que se dificultaría si ésta no estuviera.

 

Un ejemplo claro de la reacción cerebral frente a la falta de mielina es la que se produce varias horas después de consumir un cigarrillo de marihuana, cuando vemos al individuo “atacar la heladera”.

 

El cerebro al notar la falta de mielina ordena la incorporación desmedida de hidratos de carbono, para procesarlo y convertirlo en mielina, pero los espacios a reparar están copados por THC durante los siguientes 28  días por lo cual por más hidratos de carbono que se ingieran el faltante de mileina continuará.

 

La esquizofrenia es una enfermedad causada por la mal formación de mielina, que se da en la pubertad cuando el cerebro registra un importante crecimiento y la mielina no esta en los niveles normales o simplemente se ha malformado.

 

Lo que hace THC es malformar la mielina convirtiendo al usuario en un esquizoide con problemas de bipolaridad.

 

El consumo de marihuana en adolescentes y adultos jóvenes aumenta la probabilidad de que existan problemas en el desarrollo cerebral. Los investigadores del Children's Hospital en Philadelphia, E.E. U.U., encontraron anomalías en las zonas del cerebro que conecta las regiones implicadas en la memoria, la atención, la toma de decisiones y el lenguaje.

Se realizaron estudios de imagen a 14 jóvenes sometidos a un tratamiento de desintoxicación y se compararon los resultados con el de sujetos control sanos. Los 14 sujetos de estudio tenían un historial de gran consumo de cannabis durante la adolescencia. Como promedio, habían fumado marihuana desde los 13 hasta los 18 años, cerca de 6 veces al día en el último año antes de abandonar esta adicción.

Los estudios de neuroimagen mostraron como se dañó o detuvo el desarrollo de las vainas de mielina y sugieren que el consumo temprano de marihuana puede alterar el desarrollo de los circuitos de la materia blanca, especialmente las conexiones entre las áreas frontal, parietal y temporal del cerebro.

 

El inquilino

 

He bautizado con el apodo de “el inquilino” a la seudo conciencia creada por esa falta de mielina que convierte en esquizoide al adicto. Es una vos que siente dentro suyo que irá dictándole conductas, tiene esta voz la característica de dialogar con el adicto en forma plural y siempre dicta conductas a tomar que se encaminaran hacia la autodestrucción del individuo.

 

El inquilino afecta todas las acciones del individuo, tomando decisiones que espantan a sus familiares y allegados, concordando todos ellos que el afectado tiene actitudes impredecibles, impulsivas y desmedidas, que desorganizan cualquier acción que se esté desarrollando en beneficio del afectado. Es de gran ayuda para el individuo personificar este aspecto de la enfermedad para poder bloquearlo y así tener la posibilidad de construir su rehabilitación.

 

En recuperación, el inquilino tomará una fuerza desmedida, que en muchos casos inicia su ataque convirtiendo en dudosa cualquier acción rehabilitante, creando desconfianza sobre las personas y buscando cualquier defecto que pueda tener para abandonar la acción reparatoria de la salud.

 

Ya en recuperación, “el inquilino” aparecerá con obsesiones inmanejables que hacen que el individuo esté convencido que es real una situación que no ha ocurrido. Un ejemplo claro de la inseguridad que provoca el inquilino es válida para un claro ejemplo: Supongamos que la novia ha ido a comprar facturas a la panadería porque nuestro adicto en recuperación desea comer algo dulce mientras toman unos mates. Ya han pasado quince minutos desde que ella fue a hacer esa compra y el inquilino con fuerza desmedida susurra que su chica está haciendo el amor con el panadero despreocupadamente, además de recordarle que la última vez que pasaron por la panadería ella lo saludo con una sonrisa demasiado cordial.

 

Él sale de la casa en forma apresurada imaginando que tomará del cuello a esa infiel y la hará pagar por todos los pecados, pero al dar vuelta la esquina encuentra a su novia charlando con la madre.

 

No es posible describir el estado de vértigo y angustia en la que se puede llegar a poner una persona con estas características cuando sin saber que le pasa entra en estos estados intranquilidad y desasociego, los que pueden llegar a límites insospechados.

 

El adicto muy pocas veces llega a reconocer la presencia de “el inquilino” en su vida cotidiana, dado que tiene el temor de ser tildado de loco por sus familiares.

 

Hay varias técnicas para acallar y doblegar al inquilino, tema que por lo general es abordado por el adicto en recuperación que está acompañando a nuestro familiar que está en los primeros pasos de su nuevo estilo de vida, una de esas técnicas de combate es tener manos y mente ocupadas; cuando se está desarrollando alguna actividad el inquilino no aparece; otra es contar inmediatamente lo que el inquilino está diciendo, esto baja inmediatamente la ansiedad y frena la obsesión. Otra muy efectiva es escribir una carta o un poema a alguien que ame, un hijo una novia, un hermano o un tío lejano.

 

Cuando el adicto en recuperación comprueba que puede frenar una vez al inquilino, sabe que siempre lo podrá hacer y esa certeza le brinda la fortaleza espiritual que necesita para avanzar contra las obsesiones y los defectos de carácter que tanto le gustan y tanto daño le hacen.

 

“La esquizofrenia y el trastorno bipolar, dos enfermedades mentales con sintomatología bien diferente, parecen tener una causa genética similar, derivada de la reducida expresión de los genes encargados de la producción de mielina en el sistema nervioso central. Ésta es la sorprendente conclusión de una investigación publicada esta semana en la revista científica The Lancet.

          Tanto la esquizofrenia como el trastorno bipolar o maniaco-depresivo tienen un origen desconocido y son enfermedades graves; entre las dos, afectan al 2% de la población. Anteriores investigaciones habían sugerido que en la esquizofrenia se dan anomalias en la expresión de los genes relacionados con la mielina, una sustancia grasa en un 80% y proteínica en un 20% que recubre y aísla las prolongaciones de las neuronas. La mielina, producida por unas células especializadas denominadas oligodendrocitos, hace posible la conducción eficaz de impulsos eléctricos a través de las neuronas.

          El equipo de Sabine Bahn, de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), ha investigado la expresión de genes específicos de los oligodentrocitos y genes asociados con la mielinización en la esquizofrenia yen el trastorno bipolar. Los investigadores han utilizado técnicas de ARNm (reacción en cadena de la polimerasa y biochips) para comparar la expresión génica en cerebros conservados de 15 personas que habían padecido esquizofrenia, 15 que habían padecido trastorno bipolar y otras 15 que no habían padecido ninguno de los dos trastornos.

          Tanto en los pacientes de esquizofrenia como en los de trastorno bipolar se observó una clara reducción de los genes clave relacionados con los oligodendrocitos y los relacionados con la mielina; los cambios en la expresión génica de ambos trastornos mostraron un elevado grado de superposición.

          "Creemos que nuestros resultados proporcionan pruebas firmes de que en la esquizofrenia y en el trastorno bipolar se da una disfunción de los oligodendrocitos y de la mielina. Los perfiles de expresión de los más conocidos genes específicos de los ohgodendrocitos y genes asociados con la mielina están muy reducidos, y varios factores de traescripción de los que se sabe que coordinan la expresión de los genes de la mielina mostraron alteraciones asociadas", afirma Sabine Bahn. "El alto grado de correlación entre los cambios de expresión que se producen en la esquizofrenia y en el trastorno bipolar hace pensar que podrían darse trayectorias patofisiológicas comunes que controlen los fenotipos patológicos correspondientes a la esquizofrenia y al trastorno bipolar".

          En un comentario adjunto, Kenneth L. Davis, de la Facultad de Medicina Mount Sinai de Nueva York (EE UU), apunta que "la observación de que al menos algunos déficit relacionados con la mielina y con la expresión génica son comunes entre pacientes de esquizofrenia y pacientes de trastorno bipolar es sorprendente, porque ambas enfermedades producen síntomas diferentes y requieren tratamiento basado en sistemas neurotransmisores muy diferentes".

 

Otro informe saliente que nos muestra la gravedad de la enfermedad de la adicción y sus consecuencias firmado por los doctores Fernando Caudevilla Gálligo - Médico de Familia e integrante del Grupo de Intervención en drogas de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (SEMFYC). Consejería de Justicia eI nterior. Comunidad de Madrid y Antonio Cabrera Majada - Médico de Familia. Centro de Salud Daroca. Área 4. IMSALUD. Madrid. España nos indican sobre - Marihuana: ESQUIZOFRENIA Y PSICOSIS – que: “Aunque la PTIC es, por definición, una psicosis tóxica aguda y autolimitada, al analizar los datos de 535 pacientes con este diagnóstico, atendidos en hospitales psiquiátricos daneses, se constató que un 44,5% fue diagnosticado de esquizofrenia, trastorno esquizotípico de la personalidad y trastorno esquizoafectivo durante los 3 años siguientes.


A pesar de las limitaciones de este estudio (sesgo de selección de la muestra, falta de control del uso de otras drogas y estado socioeconómico...), sus resultados sugieren que la aparición de síntomas psicóticos en el seno de un cuadro de intoxicación aguda por cannabis podría considerarse un factor de riesgo para el desarrollo posterior de trastornos tipo esquizofrenia.”

 

Por otra parte la Organización No Gubernamental  Vida sin Droga va mucho más profundo en el tema de la marihuana cuando afirma sin tapujos que: El cannabis es una de las pocas drogas que causan la división anormal de la célula, lo cual conduce a graves defectos hereditarios.

 

Una mujer embarazada que fuma regularmente marihuana o hachís puede dar a luz prematuramente un bebé de menor tamaño y con menos peso de lo normal. En los pasados 10 años, muchos hijos de adictos a la marihuana han nacido con una iniciativa reducida y capacidades disminuidas en cuanto a concentrarse y dedicarse al logro de las metas en la vida.

 

Los estudios también sugieren que el consumo prenatal de marihuana puede resultar en defectos de nacimiento, anormalidades mentales y un mayor riesgo de leucemia en los niños.”

 

En otro capítulo no extenderemos más en los daños cerebrales que produce la marihuana, pero estos informes se han puesto aquí para que entendamos lo difícil que le es razonar objetivamente a una mente inundada de drogas y lo complejo que es tratar de explicar los beneficios de una vida libre de sustancias.

 

Debemos remarcar una vez más que la enfermedad de la adicción es incurable y progresiva aún en recuperación y que la atención que se le debe prestar es diaria, a pesar de lo cual no hay garantía ninguna de que el afectado permanezca libre de sustancias.

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Cuando hablamos del avance de la enfermedad aún en la abstinencia es debido a los defectos de carácter que la persona utilizará en su contra para quedar acorralado y sin otra opción que el próximo consumo.

 

Soberbia

 

Tratar de convencer a los demás de lo que no soy. Apetito desordenado por la propia excelencia. Sentirse por delante de Dios.

 

La soberbia trae satisfacción inmediata. Al sentirse por encima de los demás fomenta su sensación de emperador o de dueño de la verdad y en muchos casos la satisfacción de haber convencido a los demás de lo que en realidad no somos.

 

Su antagónico La humildad.

 

Pereza

 Deseo imperioso y satisfactorio de no hacer lo debido.

 

Muchos creemos que desde este defecto de carácter se inicia el camino hacia la recaída. La tendencia de la enfermedad es hacer lo que se tiene ganas en el momento que sea. La experiencia nos enseña que cuando uno hace lo que se le viene en ganas termina teniendo graves problemas, en cambio cuando uno hace lo debido la satisfacción no es inmediata, pero sus consecuencias traen satisfacción perdurable y potencia la fortaleza espiritual.

 

El antónimo: Acción

 

Lujuria

 

Apetito desordenado por los placeres. Pueden ser sexuales, pero también se encuadra en la necesidad de hacer sentir mayor poder económico o simplemente hostigar cuando se tiene un grado de poder sobre los demás. Ufanarse del hostigamiento de quienes lo aman.

 

El opuesto: Recato

 

Avaricia

 

Deseo desmedido de tener, obsesión por acaparar más y una paranoia defensiva y exacerbada para entender que todos los que lo rodean, esperan un descuido para quitarle sus posesiones, sean estas materiales, afectivas o imaginarias.

 

Antitético: Generosidad

 

Gula

 

No solo es el afán de meter en su estomago comida hasta el hartazgo. Se trata de ubicarse por sobre los demás, subyugarlos, convertirlos en objeto y asirlos. De esta manera  el “glotón” se transforma en el único centro de referencia, en concordancia con el principio de la pasión a sí mismo. La gula en tal caso es negar al ser para convertirlo en placer.

 

Antípoda: Sobriedad

 

Ira

 

Deseo desmedido de venganza. Esa venganza puede haber sido motivada por una indicación, por una mirada, por un mal entendido o por una fantasía. La ira es la respuesta permanente del adicto como solución a cualquier circunstancia que no se acomode exactamente a sus deseos. Buscar a culpables por la pérdida de un manojo de llaves o la fantasía de una infidelidad puede desatar un drama de consecuencias incalculables. La ira tiene dos caras, por un lado el ataque contra el supuesto culpable, luego sobreviene indefectiblemente la agresión contra sí mismo por la culpa que le provoca haber actuado en forma desmedida acto que lo pone en la puerta del próximo consumo.

 

Antónimo: Serenidad

 

Envidia

 

Sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que tiene el otro, sea en bienes, cualidades superiores u otra clase de cosas. La Real Academia Española la ha definido como tristeza o pesar del bien ajeno, o como deseo de algo que no se posee. El Dr. Saúl F. Salischiker, Médico Psiquiatra y Psicoterapeuta dice que se puede definir al envidiosocuando esa persona se obsesiona y deja de vivir por estar pendiente de la vida del otro o en la vida de su adversario, de su entorno, y entre otras cosas siente agobio por cada éxito de sus envidiados… Aparte de mostrar signos graves de inferioridad, nos muestra que estamos tratando con una persona psiquiátricamente enferma”.

 

Contrario: Admiración

 

Si durante la niñez el joven no ha sido capaz de aprender puntillosamente el significado de cada uno de los siete pecados capitales y no ha incorporado en la práctica diaria los antónimos estaremos, en su adolescencia, frente a un ser autodestructivo que aplicará estos defectos de carácter en todas sus relaciones obteniendo como resultado el fracaso en todos los órdenes de su vida.

 

Cuando se entra en recuperación es imprescindible un cambio desde la estructura mental, desde lo más profundo de su ser el consumidor debe replantear el estilo de pensamiento.

 

No debemos olvidar que antes de pensar en meterse sustancias, el afectado, consume alguno de los defectos de carácter antes expuestos, el que le brindará esa satisfacción inmediata y ese goce desde la autodestrucción que tan bien lo hace sentir por un instante, para luego del vacío espiritual que sobreviene dado que la satisfacción es efímera, recurrir a la próxima dosis en busca de prolongar esa satisfacción espuria.

 

Lo daño al adicto le proporciona una extremada satisfacción, porque si ese daño es propio le servirá como excusa para asir la próxima dosis y si es ajeno será utilizado como éxito personal que se autoadjudica con el fin de preparar un espectacular festejo concurriendo en búsqueda de su droga de preferencia.

 

El trabajo sobre los defectos de carácter debe ser diario, por eso es importante identificarlos y aprender a frenarlos desde la concepción de la idea, porque de ese modo la persona estará por primera vez gobernando su propia vida. Sin esta práctica, la recuperación si llegara a lograrse, será lamentablemente un castillo de naipes que se caerá ante el primer inconveniente emocional que se le presente al afectado.

 

 

Los miedos

 

El miedo es la base de la enfermedad de la adicción, dado que todas las acciones de afectado están movidas por esta emoción primaria que al afectar sus actitudes, provoca reacciones irracionales que asustan a su entorno al no poder comprender el origen de esas reacciones.

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Para poder entender cabalmente este aspecto de la enfermedad debemos remitirnos a los animales primarios que encuentran en el miedo como sentimiento la respuesta necesaria para la propia supervivencia y por ende de la especie.

 

El ejemplo más claro lo podemos tomar de cocodrilo que utiliza en forma automática sus sentimientos primarios para cada una de las actitudes que adopta, dado que es lo único que su cerebro le proporciona.

 

Si pudiéramos pararnos frente a uno de estos animales, éste entendería como hostil nuestra presencia y al haber ocupado un espacio dentro de sus dominios, procedería a eliminarnos en forma inmediata. Esta actitud impulsiva es provocada por el miedo del animal frente a un posible enemigo.

 

Esta actitud es comparable con la idéntica cualidad del grupo de jóvenes que están consumiendo drogas en la esquina de su casa, observan a quien se acerca, si es conocido lo dejan pasar, si es desconocido todos le prestan atención como posible enemigo y pueden llegar a atacarlo si el invasor cruza miradas con alguno de ellos. Su metro cuadrado ha sido invadido y el miedo los obliga a atacar.

 

Volviendo al cocodrilo, si en lugar de pararnos frente a él, somos cincuenta individuos haciendo ruido con cacerolas que nos acercamos a su espacio, el reptil inmediatamente huirá del lugar, condición que adopta envuelto por el mismo sentimiento: el miedo.

 

Podemos observar este comportamiento cuando el grupo de adictos de la esquina ven llegar a un patrullero y bajan de ese automóvil dos efectivos policiales. Todos tendrán a flor de labio una explicación que justifique el estar allí y además convencerán a los efectivos que es en ese momento que cada quien se iba a su casa.

 

No se trata entonces de jóvenes inteligentes que departen graciosamente en la esquina, sino de adictos que se movilizan a través del instinto básico de supervivencia: el miedo.

 

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El circuito del miedo es la estructura segura donde se mueven todas las actitudes del adicto.

 

Podemos asistir a la forma agresiva con que un adicto entra a casa de sus padres, estilo que adopta solamente para no recibir ningún tipo de reprimenda y doblegar de antemano a quien pueda efectuarle algún tipo de reproche, está listo y preparado para responder de forma sumamente agresiva al que pretenda mostrar algún tipo de disconformidad respecto de su actitud actual o se disponga a reprochar alguna acción  que haya desplegado antes de desparecer del hogar. Nadie puede indicarle absolutamente nada y solo bastará una mirada para que el adicto estalle en un sin fin de insultos y malos tratos siempre dirigido al más débil de todos los integrantes de la familia.

 

Es indistinto si hay o no una recriminación, no hace falta, porque su psicosis tomará hasta la forma de respirar de sus convivientes como una afrenta personal y un ataque directo a su bienestar.

 

Muchas veces la familia ensaya distinto tipo de formas de hablar, buscando las mejores palabras y mostrando cuidadosamente la intención condescendiente de acercarse; esta actitud envalentona aún más al adicto que adopta una actitud de verdugo despiadado lo que le permite para acentuar su enojo el arrojar cosas, romperlas mientras le hace entender a sus atacados que tienen la totalidad de la culpa por haberlo puesto en ese estado.

 

Con una habilidad desconcertante, el adicto es verdugo y víctima a la vez por la exclusiva culpa del resto de la familia, que prefiere el repliegue a la confrontación, en estos casos se suele ver a las madres moviéndose sigilosamente en pleno día y exigiendo al resto de la familia igual actitud en horarios diurnos, porque el afectado está durmiendo. No es ilógico, es el único rato que la madre tiene para estar tranquila, en la certeza de que el adicto esta a resguardo en casa y segura de que no será atacada por éste ya que el sueño ha logrado acallar a la fiera.

 

 

Cuando el adicto toma conciencia que ha doblegado hasta las lágrimas al posible recriminador y  disciplinado a todos los integrantes, se inicia dentro de él una transformación completa de todo su ser. En la soledad de su cuarto se inicia un proceso de culpabilidad por las acciones adoptadas para iniciar un proceso depresivo que lo hará sentirse la peor lacra del mundo. Este proceso de ira contra sí mismo abarcará todos sus pensamientos que comenzarán a atormentarlo para desembocar en un ataque de llanto imparable. Esa angustia desgarradora será la excusa perfecta para el próximo consumo.

 

El circuito entonces se habrá cumplido por completo, miedo, ira, agresión y depresión desembocarán en el irremediable consumo de sustancias que lo llevarán nuevamente al placentero estado que le permitirá vagar por algunas horas buscando otros consumidores, donde guardará en el olvido los actos cometidos, pasando a una actitud de insensibilidad que perdurará  hasta que vuelva a percibir la cercanía de nuevos reproches.

 

En la tarea de la recuperación, cuando la persona logra entender que los miedos son en realidad sentimientos inexistentes que gobiernan cada uno de los actos de su vida queda en absoluto desconcierto.

 

Deberá desde lo más profundo de su ser enfrentar estos miedos y cuando logre vencerlos y se demostrará a sí mismo que son desconfianzas inexistentes y puede a partir de ahí empezar a construir un nuevo estilo de vida.

 

Desde el punto de vista evolutivo el miedo es un complemento y una extensión de la función del dolor afirman algunos profesionales de la psiquiatría. El miedo nos alerta de peligros que no nos han ocasionado algún dolor, sino más bien una amenaza a la salud o a la supervivencia. Del mismo modo en que el dolor aparece cuando algo nocivo ataca nuestro cuerpo el miedo aparece en medio de una situación en la que se corre peligro.

 

En consumo el riesgo es quedarse sin drogas, en recuperación el miedo radica en la incomprensión de cada uno de sus actos instintivos que lo llevan a pensar en drogarse.

 

El miedo al miedo atrapa a la persona en sus primeros tiempos de recuperación, lo que paraliza cualquier actitud. No tiene certeza de nada, dado que esta nueva vida sin drogas lo ubica en un espacio y un tiempo desconocidos para él; sin embargo sabe que sin miedo no habrá ira, por lo tanto no necesitará apelar a la agresión y la depresión no parecerá.

 

 

 

 

 

 

EN BREVE DESARROLLARÉ LOS SIGUIENTES TEMAS

 

 

El deterioro cerebral

Deterioro espiritual

Cárcel, hospital, manicomio

La adrenalina un recurso de vida

El abandono

El trágico fin o la rehabilitación

Las comunidades terapéuticas y los grupos de autoayuda